Nota del autor para gramáticos y defensores de la lengua:
Como el inglés no es mi lengua materna y mi español escrito esta un poco fuera de forma, es probable que usted encuentre problemas en ambas versiones de esta entrada. Por favor no dude en dejármelo saber usando el formulario de comentario para corregirlos. Gracias
Como el inglés no es mi lengua materna y mi español escrito esta un poco fuera de forma, es probable que usted encuentre problemas en ambas versiones de esta entrada. Por favor no dude en dejármelo saber usando el formulario de comentario para corregirlos. Gracias
Hace un poco más de cuatro años, cuando el Mundial de Fútbol 2006 estaba a punto de comenzar en Alemania, me encontraba en Santiago de Chile por invitación de un muy buen amigo. Dos cosas importantes (de las que uno conecta después) me ocurrieron mientras estaba allá. Aunque no están relacionadas, se podría decir que fueron provocadas por la misma persona: un amigo Argentino con quien compartí una oficina cuando trabajábamos para una firma de consultoría en Boston.
Él se encontraba en Buenos Aires y me sugirió que lo visitara y me quedara por la duración del torneo. La idea me encantó (nunca había estado en Buenos Aires y Argentina sería sin duda un gran sitio para ver el mundial), así que gustoso acepté la invitación e hice la reserva de mi vuelo.
Sin ninguna relación con el viaje (al cual volveré en un minuto), mi amigo me dijo que me enviaría un libro de software que - según él - yo iba a disfrutar. El libro era Getting Real por 37signals y disfrutar se quedó corto. Se trataba de “La forma más inteligente, rápida y fácil de construir una aplicación web exitosa”, precisamente lo que yo aspiraba a hacer.
Tan inmerso estaba en el libro, que recuerdo muy bien apresurándome a coger un taxi después de un largo viaje en el metro para poder continuar leyendo. Normalmente no tengo ningún problema con taxistas conversadores. Pero en esta caso lo último que quería era que interrumpieran mi lectura. Desafortunadamente el taxista tenía otros planes. Mis respuestas en monosílabos no lograban callarlo y además el tipo literalmente se volteaba y me hacía cada pregunta mirándome, como si estuviéramos tomándonos una cerveza en lugar de ¡en la mitad de una autopista! “No sólo no me está dejando leer libro”, pensé, “¡también es probable que nos haga matar antes de que pueda terminarlo!”.
Afortunadamente sobreviví y pude terminar el libro. Y cuando lo hice, me sentí tanto inspirado como justificado. Inspirado porque el libro estaba lleno de ideas prácticas para alguien en mi posición. Y justificado porque mucho de lo que decían hacía total sentido para mí. La tendencia del software a ser complejo y tener excesiva funcionalidad era una idea que me había estado dando vueltas en la cabeza por algún tiempo. Y construir algo que no lo fuera: la probable respuesta a dicho problema.
Y ahí estaba yo, acabando de leer cómo –basados en esa simple idea– la gente de 37signal había construido un software de gestión de proyectos exitoso llamado Basecamp. ¡Ellos ya la habían hecho! Y estaban dispuestos a compartir lo que habían aprendido. A partir de ese momento, Basecamp y 37signals se convirtieron en modelos a seguir para nosotros y yo adopte a Jason Fried, el fundador, como una especie de mentor virtual. Él no tiene idea de quien soy yo y nunca he tratado de contactarlo, pero digamos que me gusta verlo de esa forma.
Unos días antes de viajar a Buenos Aires para mi viaje mundialista, recibí un email de alguien a quien nos podemos referir acá como una persona de interés para mi. Un año arriba mío en el colegio y muy linda, cuando un amigo que se la encontró me dijo que seguía tan linda (estamos hablando de más de 10 años después), no dude en intentar contactarla. Desafortunadamente cuando mi amigo la vio, ella sólo estaba de visita en Nueva York, así que no tuvimos oportunidad de vernos. Pero restablecimos contacto y ella estaba escribiendo para dejarme saber que iba para Santiago en viaje de negocios.
“Fantástico”, pensé. A pesar de que estaba a punto de salir para Buenos Aires, tendríamos algunos días para nuestra esquiva reunión. Y en términos generales, yo diría que nos fue bien. Al punto que la noche antes de mi vuelo, después de una exquisita comida y probablemente demasiado vino, me invitó a pasar la noche en su hotel. Naturalmente, me estaba sintiendo como un campeón cuando íbamos en camino. Así que al darme cuenta que había sido invitado que nos diéramos ¡abracitos!, en lugar de otra cosa que tenía en mente, me sentí claramente frustrado. Nada personal contra los abracitos (especialmente con ella), simplemente un problema de manejo de expectativas.
Cuando me levanté (no precisamente sintiéndome como una campeón) estaba diluviando. Del hotel pude conseguir transporte hasta el apartamento de mi amigo. Pero mientras empacaba apresuradamente (se me estaba empezando a hacer tarde), me resultó imposible conseguir un taxi por teléfono. Mi amigo me ofreció una solución. El conductor de su empresa me llevaría al aeropuerto, pero primero teníamos que llegar a un hotel donde él nos estaba esperando. Tomó algo de tiempo, bajo la lluvia torrencial y con dos maletas pesadas, pero logramos conseguir un taxi en la calle. Y como en ese punto ya iba bastante tarde, le dije a mi amigo que tal vez debía continuar en ese taxi hasta el aeropuerto.
Él no estuvo de acuerdo y dijo que me iba a tomar dos minutos cambiar de vehículo. Resultó que tenía razón. No tomo casi nada de tiempo y muy rápidamente estaba en camino al aeropuerto. El problema fue –algo que noté un par de minutos después– que mi morral ya no estaba conmigo. Perder mi computador portátil y mi pasaporte estaba más allá de mi peor escenario: era mi "esto no puede pasarme" escenario. Yo me muevo mucho y por tiempos largos, así que perder mis medios para trabajar y viajar (incluyendo mis visas Americana y Británica) era algo que se supone no podía pasarme, ¡nunca!
No iría hasta el punto de decir que todo sucede por alguna razón, pero quizás algunas cosas suceden por algo. Y lo que este horrible episodio me brindó en esa ocasión fue una oportunidad de cambio: de reemplazar mi portátil Asus con Windows por un MacBook con Mac OS. Y eso, mi querido lector, se convertiría en evento monumental.
Apple básicamente redefinió para mi lo que el software era o podía ser. Abandoné mi visión utilitaria del mismo como simplemente una herramienta para hacer un trabajo. En mi nuevo Macintosh, el software seguía siendo una herramienta, pero también, gracias a su facilidad de uso, belleza y elegancia, una capaz de generar una respuesta emocional. Entendí por qué tantos diseñadores parecían adorar al Mac tanto como a su oficio: ¡la herramienta en sí era emocionante!
Si después de más de mil palabras usted heroicamente sigue conmigo, supongo que le debo una disculpa por tomar tanto tiempo para llegar a mi punto: el cual es que no podríamos lanzar myAbakus sin primero dar crédito a quien crédito merece. A Jason Fried y su equipo en 37signals por mostrarnos el valor y el potencial de la simplicidad cuando se trata de software. Y a Steve Jobs y su equipo de diseñadores y programadores en Apple por producir software que es realmente inspirador.
Y supongo que también le debo una disculpa por recurrir a tantas anécdotas (que usted puede encontrar irrelevantes) para llegar aquí. Pero la verdad es que ha sido un viaje muy personal y emotivo para mí. Puede que estemos lanzando myAbakus hoy, pero hemos estado trabajando en él por algún tiempo. Y dado que no le hemos adicionado mucho, a pesar de las innumerables horas de trabajo, me gusta pensar que hemos sido fieles al principio de “mantenerlo simple” y que -en lugar de llenarlo de funcionalidad- nos hemos mantenido enfocados en crear un producto que, aunque no es para todo el mundo, va a hacer feliz a nuestros usuarios y orgullosos a nosotros.
Finalmente, quiero agradecerle a nuestros usuarios en diferentes rincones del mundo. Sin su voto de confianza como pioneros, probablemente no estaríamos lanzando myAbakus hoy. Nuestro software ni es perfecto ni va complacer las opiniones de todo el mundo sobre contabilidad y gestión financiera. Pero para quienes les gusta el concepto y el producto, vamos a seguir trabajando duro en pulirlo y mejorarlo.
Él se encontraba en Buenos Aires y me sugirió que lo visitara y me quedara por la duración del torneo. La idea me encantó (nunca había estado en Buenos Aires y Argentina sería sin duda un gran sitio para ver el mundial), así que gustoso acepté la invitación e hice la reserva de mi vuelo.
Sin ninguna relación con el viaje (al cual volveré en un minuto), mi amigo me dijo que me enviaría un libro de software que - según él - yo iba a disfrutar. El libro era Getting Real por 37signals y disfrutar se quedó corto. Se trataba de “La forma más inteligente, rápida y fácil de construir una aplicación web exitosa”, precisamente lo que yo aspiraba a hacer.
Tan inmerso estaba en el libro, que recuerdo muy bien apresurándome a coger un taxi después de un largo viaje en el metro para poder continuar leyendo. Normalmente no tengo ningún problema con taxistas conversadores. Pero en esta caso lo último que quería era que interrumpieran mi lectura. Desafortunadamente el taxista tenía otros planes. Mis respuestas en monosílabos no lograban callarlo y además el tipo literalmente se volteaba y me hacía cada pregunta mirándome, como si estuviéramos tomándonos una cerveza en lugar de ¡en la mitad de una autopista! “No sólo no me está dejando leer libro”, pensé, “¡también es probable que nos haga matar antes de que pueda terminarlo!”.
Afortunadamente sobreviví y pude terminar el libro. Y cuando lo hice, me sentí tanto inspirado como justificado. Inspirado porque el libro estaba lleno de ideas prácticas para alguien en mi posición. Y justificado porque mucho de lo que decían hacía total sentido para mí. La tendencia del software a ser complejo y tener excesiva funcionalidad era una idea que me había estado dando vueltas en la cabeza por algún tiempo. Y construir algo que no lo fuera: la probable respuesta a dicho problema.
Y ahí estaba yo, acabando de leer cómo –basados en esa simple idea– la gente de 37signal había construido un software de gestión de proyectos exitoso llamado Basecamp. ¡Ellos ya la habían hecho! Y estaban dispuestos a compartir lo que habían aprendido. A partir de ese momento, Basecamp y 37signals se convirtieron en modelos a seguir para nosotros y yo adopte a Jason Fried, el fundador, como una especie de mentor virtual. Él no tiene idea de quien soy yo y nunca he tratado de contactarlo, pero digamos que me gusta verlo de esa forma.
Unos días antes de viajar a Buenos Aires para mi viaje mundialista, recibí un email de alguien a quien nos podemos referir acá como una persona de interés para mi. Un año arriba mío en el colegio y muy linda, cuando un amigo que se la encontró me dijo que seguía tan linda (estamos hablando de más de 10 años después), no dude en intentar contactarla. Desafortunadamente cuando mi amigo la vio, ella sólo estaba de visita en Nueva York, así que no tuvimos oportunidad de vernos. Pero restablecimos contacto y ella estaba escribiendo para dejarme saber que iba para Santiago en viaje de negocios.
“Fantástico”, pensé. A pesar de que estaba a punto de salir para Buenos Aires, tendríamos algunos días para nuestra esquiva reunión. Y en términos generales, yo diría que nos fue bien. Al punto que la noche antes de mi vuelo, después de una exquisita comida y probablemente demasiado vino, me invitó a pasar la noche en su hotel. Naturalmente, me estaba sintiendo como un campeón cuando íbamos en camino. Así que al darme cuenta que había sido invitado que nos diéramos ¡abracitos!, en lugar de otra cosa que tenía en mente, me sentí claramente frustrado. Nada personal contra los abracitos (especialmente con ella), simplemente un problema de manejo de expectativas.
Cuando me levanté (no precisamente sintiéndome como una campeón) estaba diluviando. Del hotel pude conseguir transporte hasta el apartamento de mi amigo. Pero mientras empacaba apresuradamente (se me estaba empezando a hacer tarde), me resultó imposible conseguir un taxi por teléfono. Mi amigo me ofreció una solución. El conductor de su empresa me llevaría al aeropuerto, pero primero teníamos que llegar a un hotel donde él nos estaba esperando. Tomó algo de tiempo, bajo la lluvia torrencial y con dos maletas pesadas, pero logramos conseguir un taxi en la calle. Y como en ese punto ya iba bastante tarde, le dije a mi amigo que tal vez debía continuar en ese taxi hasta el aeropuerto.
Él no estuvo de acuerdo y dijo que me iba a tomar dos minutos cambiar de vehículo. Resultó que tenía razón. No tomo casi nada de tiempo y muy rápidamente estaba en camino al aeropuerto. El problema fue –algo que noté un par de minutos después– que mi morral ya no estaba conmigo. Perder mi computador portátil y mi pasaporte estaba más allá de mi peor escenario: era mi "esto no puede pasarme" escenario. Yo me muevo mucho y por tiempos largos, así que perder mis medios para trabajar y viajar (incluyendo mis visas Americana y Británica) era algo que se supone no podía pasarme, ¡nunca!
No iría hasta el punto de decir que todo sucede por alguna razón, pero quizás algunas cosas suceden por algo. Y lo que este horrible episodio me brindó en esa ocasión fue una oportunidad de cambio: de reemplazar mi portátil Asus con Windows por un MacBook con Mac OS. Y eso, mi querido lector, se convertiría en evento monumental.
Apple básicamente redefinió para mi lo que el software era o podía ser. Abandoné mi visión utilitaria del mismo como simplemente una herramienta para hacer un trabajo. En mi nuevo Macintosh, el software seguía siendo una herramienta, pero también, gracias a su facilidad de uso, belleza y elegancia, una capaz de generar una respuesta emocional. Entendí por qué tantos diseñadores parecían adorar al Mac tanto como a su oficio: ¡la herramienta en sí era emocionante!
Si después de más de mil palabras usted heroicamente sigue conmigo, supongo que le debo una disculpa por tomar tanto tiempo para llegar a mi punto: el cual es que no podríamos lanzar myAbakus sin primero dar crédito a quien crédito merece. A Jason Fried y su equipo en 37signals por mostrarnos el valor y el potencial de la simplicidad cuando se trata de software. Y a Steve Jobs y su equipo de diseñadores y programadores en Apple por producir software que es realmente inspirador.
Y supongo que también le debo una disculpa por recurrir a tantas anécdotas (que usted puede encontrar irrelevantes) para llegar aquí. Pero la verdad es que ha sido un viaje muy personal y emotivo para mí. Puede que estemos lanzando myAbakus hoy, pero hemos estado trabajando en él por algún tiempo. Y dado que no le hemos adicionado mucho, a pesar de las innumerables horas de trabajo, me gusta pensar que hemos sido fieles al principio de “mantenerlo simple” y que -en lugar de llenarlo de funcionalidad- nos hemos mantenido enfocados en crear un producto que, aunque no es para todo el mundo, va a hacer feliz a nuestros usuarios y orgullosos a nosotros.
Finalmente, quiero agradecerle a nuestros usuarios en diferentes rincones del mundo. Sin su voto de confianza como pioneros, probablemente no estaríamos lanzando myAbakus hoy. Nuestro software ni es perfecto ni va complacer las opiniones de todo el mundo sobre contabilidad y gestión financiera. Pero para quienes les gusta el concepto y el producto, vamos a seguir trabajando duro en pulirlo y mejorarlo.
